Por supuesto que cada quien carga con su historia, la de Ambrosio todos la conocemos y bien. Si alguien se lució como “francotirador” del periodismo oficialista fue precisamente el autor de “El Postigo”, aunque ahora la memoria le falle como a su actual jefa, cuyo dinastía política, el Sansorismo, hizo de la mordaza su herramienta para el aplauso y la censura periodística.

A propósito de memoria política, quien se confunde y anda despistado es el mismo Ambrosio que, omite mencionar que entre esos 90 años de fechorías que empecinadamente acusa, está el sexenio de Carlos “El Negro” Sansores (1967-1973), padre de la pre candidata de Morena.

¿Vómito? Eso es lo que provoca su falsa empatía hacia un compañero que fue acosado y agredido por los simpatizantes de su nueva jefa, así como nauseabundo es ese intento por minimizar lo ocurrido al calificarlo como un “hecho aislado”.

Ambrosio, el tristemente célebre conductor de tv venido a menos se equivoca, es él quien piensa que los tiempos del periodismo y la política en Campeche no han cambiado. Esa rancia generación de textoservidores, prófugos de la nómina, hoy quieren esconder la mugre de su pasado chayoteril bajo la alfombra de la nueva casa.

De eso se ha llenado Morena, de oportunistas desmemoriados como Ambrosio que suponen que cambiarse de camiseta como de calzones, lo convierten en seres impolutos, como afirma en su panfleto digital.

Cuánta razón tuvo Yeidckol Polevnsky cuando afirmó que en Morena “son muchas las sabandijas que se nos han infiltrado, son muchos los que están echándole el ojo al partido de una manera mezquina y perversa, porque están pensando que el partido tiene mucho dinero”.

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